A 36 años, recuperando el orgullo nacional
Por Débora Giorgi
La irrupción violenta de los militares en el gobierno, el quiebre del orden democrático, el genocidio y secuestro de bebés conllevó un plan sistemático de destrucción del aparato productivo nacional. El 24 de marzo de 1976 se rompió la estabilidad institucional y toda posibilidad de desarrollo industrial de la mano del comienzo del régimen neoliberal, cuyos cimientos permanecieron inalterables durante más de 25 años.
Fue en 2003 cuando Néstor Kirchner recuperó el valor de la industria, como generadora de recursos genuinos pero, además, fundamentalmente en el rol de columna vertebral de la sociedad, de herramienta de inclusión social. Sin industria no hay trabajo y sin trabajo volvemos a una sociedad fragmentada al borde de la desintegración.
La política económica neoliberal de la dictadura impulsó el vaciamiento de las empresas, cuyos capitales fueron a la especulación, y así se destruyó la cultura del trabajo. De este modo se sucedieron la concentración del ingreso, el aumento de la deuda externa, el incremento de la fuga de capitales, la desindustrialización de la economía argentina, la suba del desempleo, la pobreza y la indigencia.